sábado, 9 de febrero de 2008

¡FELIZ AÑO NUEVO CHINO!


Como sabéis, el pasado 7 de enero se celebro en buena parte de Oriente el año nuevo chino. Esta fiesta se celebra en multitud de países aunque en cada uno de ellos adquiere unas connotaciones distintas. En Vietnam esta celebración recibe el nombre de Tet Nguyen dan o Nuevo Año Lunar es sin duda la fiesta más importante para todos los vietnamitas. Es difícil de entender el peso de esta fiesta para un extranjero, una celebración que se asemeja a veces a nuestra Navidad, pero también al día de Todos los Santos y al cumpleaños, no de un individuo, sino de toda una colectividad. El Tet es sobre todo una fiesta que celebra la comunión de los humanos, la armonía del universo y la purificación que trae el inicio de un nuevo ciclo. Es una liturgia muy apegada al sentir oriental, a los movimientos cíclicos de la Naturaleza que han inspirado desde siempre su filosofía y visión del mundo, pero que sin embargo se celebra de distinta forma allí donde tiene lugar. Por lo general las familias se reúnen bajo un mismo techo e intercambian regalos envueltos en papel escarlata, el color de la buena suerte. Los vecinos y los amigo se visitan, dejando buenos augurios y deseos de buena fortuna para el ciclo que ya se inicia.

Debido a su carácter lunar, el Tet no coincide con ninguna fecha exacta de nuestro calendario gregoriano, sino que se celebra cada año en un punto entre los diez últimos días de enero y los veinte primeros de febrero, a medio camino entre el solsticio de invierno y el equinoccio de primavera. Aunque la fiesta se alarga alrededor de una semana, la festividad del Tet dura oficialmente tres días, días durante los cuales cada acción es determinante e influye en la buena o mala suerte que acompañará a cada persona y su familia durante los doce siguientes meses. Se obra con cautela, de la mejor manera e intención, enterrando el hacha de guerra y las trifulcas que hubieran podido surgir a lo largo del año. Los niños prometen portarse bien y los mayores evitan las palabras malsonantes, visitan las pagodas y ofrecen limosna a los mendigos que leen el futuro en las palmas de las manos. Se rinde también homenaje a los muertos, que se son convocados y bajo cuyo auspicio se celebra el tránsito del viejo al nuevo año. Sus altares caseros se iluminan con barritas de incienso la noche previa al nuevo año, vasos de alcohol, tea y agua fresca son dispuestos junto a sus retratos, así como cañas de azúcar, los bastones que los ancianos necesitarán en su vuelta al mundo de los vivos.

La primera vistita del año que recibe cada familia adquiere suma importancia, al considerarse un auspicio de la incierta fortuna que traerá el año recién inaugurado. Los niños se visten con las mejores ropas y los padres intentan atraer a personas especiales, longevas, agraciadas con algún don o una descendencia sana y numerosa, con la esperanza de que el futuro les depare la misma suerte.

El Universo es cambio, renovación permanente, y el Tet celebra la purificación del mundo justo cuando los cambios comienzan a hacerse perceptibles. La noche empieza al mediodía, rezaba el adagio taoísta, y así la Naturaleza y con ella el hombre muda su piel gastada, renueva su juventud y recobra su frescura y pureza, enfrentando el nuevo año con la esperanza de un sol naciente.

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